martes, 23 de febrero de 2010

Leal, Integro y Confiable

Leal, íntegro y confiable 11

Rodrigo Oreamuno B.
Uno de los nombramientos esenciales que ocuparán la atención de la Presidenta electa será el del ministro de la Presidencia.
Doña Laura Chinchilla tiene un excelente criterio, demostrado en los cargos públicos que ha ocupado; además, cuenta con un destacado grupo de asesores quienes sin duda la ayudarán a escoger a los funcionarios claves de su gobierno.
Por supuesto que no existe un concepto ideal del ministro de la Presidencia: el que puede ser muy bueno para un presidente quizás resulte pésimo para otro.
Lo primero que debe hacer la persona que encabezará el Poder Ejecutivo es decidir, con absoluta claridad, si verdaderamente está dispuesta a encargar a su ministro de la Presidencia las funciones de coordinar la labor de los otros ministros y la de los presidentes de las instituciones autónomas, así como la de ser el enlace entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo. Una vez que tome esa decisión, deberá actuar consecuentemente ya que, de lo contrario, debilitará a ese funcionario y le restará claridad a las directrices que emanen de la Casa Presidencial.
Ministro de la Presidencia 1995-1996
“La arrogancia es la antítesis de la negociación; también lo es el dogmatismo”.
Por ser tan importante ese cargo, la Presidenta electa deberá escoger a una persona que le merezca absoluta confianza y de cuya lealtad e integridad no tenga la menor duda.
Además, quien ocupe el Ministerio de la Presidencia debe ser una persona madura con una concepción clara de la organización de los Poderes Ejecutivo y Legislativo, para lo cual sería ideal que haya desempeñado algún cargo en ambos. Ese funcionario debe tener la convicción profunda de que para cumplir adecuadamente con su tarea es indispensable negociar. La arrogancia es la antítesis de la negociación; también lo son el dogmatismo y la creencia de que, por haber sido electos, las ideas suyas o las de su presidenta, deban prevalecer siempre.
Lo más difícil es que aún cuando debe despojarse de sus propios dogmatismos, ha de estar preparado para encontrarlos en algunos de los grupos con los que negociará.
Lo anterior me lleva a otro tema que, quizás por obvio, es ignorado completamente: negociar implica que cada una de las partes dé algo; no hay negociación si una de ellas pretende que la otra la complazca sin estar ella dispuesta a ceder en algunas de sus pretensiones. Por esa razón, un buen ministro debe tener la mente abierta para comprender los puntos de vista de las personas con las que se relacionará y estar dispuesto a aceptar algunos.
También es esencial para ese ministro, tener presente que no debe negociar con un solo grupo, aún cuando le resulte más fácil; aquellos a quienes ignore en determinado tema pueden ser sus aliados fundamentales en otro.
En general, la opinión pública es tremendamente crítica de aquellas cosas de las que no se siente suficientemente enterada. Sin embargo, no es posible negociar en presencia de cámaras, micrófonos y libretas de apuntes: la negociación requiere un ambiente tranquilo, que se preste para confrontar las ideas propias con las del interlocutor y llegar a acuerdos. Esta afirmación no puede interpretarse en el sentido de que los resultados de las negociaciones deban mantenerse en secreto; por lo contrario, aquellas cosas sobre las que se alcanzó un acuerdo deben ser expuestas de manera absolutamente transparente a la opinión pública, aún a sabiendas de que el grupo que pueda sentirse perjudicado con los resultados de la negociación la estigmatizará.

1 comentario:

  1. este editorial va muy de la mano con el publicado anteriormente ya que son dos personas que enfatizan la importancia que tienen los ministerios y principalmente, el cargo del ministro de la presidencia. ellos dan su voto de confianza al nuevo gobierno y tratan de hacerle ver que no es cualquier persona la que puede desempeñar un cargo de tanta responsabilidad. Claro es mismo tira bastante duro a la manera de ser del señor Rodrigo Arias, ya que el es muy claro al decir que un negociador no puede pretender que siempre se hagan los negocios a su manera sin que este no de algo a cambio; uno siempre tiene que ceder, ir dispuesto que no siempre se va a ganar o se van hacer las cosas siempre en beneficio de algunos cuantos.
    tiene de todo un poco las dos ultimas noticias que coloque considero que seran buenos argumentos para debatir en clases.

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